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Joan Vives Maristany

Joan Vives Maristany

Spanish painter
Joan Vives Maristany
The basics

Quick Facts

Intro Spanish painter
Is Painter
From Spain
Type Arts
Gender male
The details

Biography

Joan Vives Maristany (San Feliú de Guixols, provincia de Girona, 10 de febrero de 1901-Buenos Aires, Argentina, 20 de febrero de 1932) pintor español adscrito al impresionismo.

Biografía

Joan Vives Maristany nació en San Feliú de Guixols, en la provincia de Girona, el 10 de febrero de 1901, cuarto hijo de una familia de payeses dedicada a la producción de verduras y leche. En 1908 la familia se traslada a una masía en las cercanías de Banyeres del Penedés.

Desde muy joven Joan, un muchacho particularmente inquieto, quedó encargado de transportar diariamente, en un carro tirado por un burro, los productos de la granja familiar, para su entrega a los clientes habituales en Villanova y la Geltrú y Sitges.

En uno de sus viajes a Sitges, lo atrajo el revuelo de un corro en la playa. Al acercarse comprobó que se trataba de un pintor recreando el paisaje. Esta primera experiencia, la visión de las manchas y colores tomando forma y vida en las telas, gracias al trabajo del artista (que no era otro que Eliseo Meifrén Roig), dejaron en él una impresión imborrable.

A partir de esa intensa emoción inicial, el arte de la pintura se convirtió para él en una obsesión irresistible. Viendo el interés del muchacho, Eliseo Meifrén accedió a darle clases de dibujo y pintura. Una relación que se hizo más intensa al reconocer el artista que, además del entusiasmo y voluntad de trabajo, el alumno tenía un talento notable. De esta época (entre 1916 y 1922) se conservan los primeros trabajos firmados por Vives Maristany, algunos de ellos descubiertos recientemente.

Era principio de siglo y desde el otro lado del atlántico llegaban noticias y rumores de viajeros y emigrantes. Cartas de amigos del pueblo, relatos de familiares... historias de creciente prosperidad, de fortunas importantes que se amasaban de la noche a la mañana.

En el joven Joan empezó a bullir la idea de conocer el mundo y de "hacer las américas". Meifrén, que había vivido en Buenos Aires, también lo alentó y accedió a darle cartas de recomendación para unos galeristas conocidos suyos.

Así, Joan Vives Maristany se embarcó, el 29 de marzo de 1925 en el vapor Patricio de Satrustegui de la "Compañía Trasatlántica", ocupando una de las 892 plazas de emigrantes que, junto a las 75 de 1ª clase y 54 de segunda, componían el pasaje. Este barco realizaba la ruta Barcelona-Cádiz- La Palma - Río de Janeiro - Buenos Aires, en 56 días.

Estos datos son relevantes porque, el viaje en sí, impulsó dos cambios importantes en su manera de trabajar. En Cádiz aún intentó tomar apuntes del natural, pero, por algún motivo íntimo, empezó a recordar y a pintar sólo de memoria. A medida que el barco se alejaba se acentuaban y afilaban sus recuerdos de la tierra que dejaba atrás.

Su necesidad de pintar era acuciante y así, en pocos días (antes de llegar a La Palma de Gran Canaria) agotó las telas que había previsto para todo el trayecto.

La solución vino de parte de uno de los camareros, que mostró interés por la obra de Joan. A cambió de un cuadro le aportó un soporte inusual para seguir pintando. Las cajas del champagne que se consumía en primera clase estaban hechas de cedro estacionado y pulido. A medida que el champagne se consumía, el marinero iba "consiguiéndole" nuevas superficies para pintar. Y así se plasmó el segundo cambio: además de pintar de memoria empezó a trabajar sobre tabla y en pequeño formato, llegando a realizar hasta 8 o 9 pequeñas obras cada día.

Esta información solo se conoció recientemente por un encadenamiento de casualidades. En su momento, Joan relató estos hechos en cartas que fue enviando a su familia desde el trayecto, especialmente a su hermana menor Roser, con quien se sentía especialmente ligado (y quien mejor sabía leer y escribir). Al morir Roser en 1991, a los 85 años, sus nietos decidieron hacerse cargo de la masía y la reformaron para convertirla en un alojamiento rural. Intentando preservar el estilo auténtico de la residencia, conservaron las reliquias de la abuela, entre los que quedaban algunos cuadros, cuyo valor desconocían. Un turista que se alojó allí se asombró al reconocer la obra de Joan Vives y así se conoció la relación de la familia Rotllant (el apellido del marido de Roser y de los actuales dueños) con el pintor. Esta relación llevo a descubrir y comprender las cartas que relatan los hechos arriba mencionados.

Volviendo a la travesía por mar hay que señalar que, a bordo, los cuadros ganaron una cierta fama. A cambio de algunos de ellos (que pasaron a manos de viajeros de primera y segunda, así como de algunos oficiales), Vives Maristany consiguió sus primeros ingresos y varias ventajas (terminó el viaje en un camarote individual en segunda). Esta dispersión inicial de su obra es la causa de que se descubran tablas de Maristany en sitios difíciles de imaginar: Terranova, Vigo, Santiago de Chile o Manaos, donde se encontraron entre las propiedades de un traficante de caucho.

Ya en Buenos Aires, sus comienzos (a diferencia de lo habitual entre emigrantes), fueron fáciles y prometedores. No lo sería así el final de su carrera. Con sus cartas de recomendación y la obra que había conservado del viaje, se presentó en la Galería Witcomb de la calle Florida donde le tuvo la oportunidad de exponer al mes de desembarcar. Las buenas relaciones del galerista consiguieron incluso la publicación de una reseña en las páginas culturales de "La Nación", donde se resumía la biografía del joven pintor recién llegado de Europa, obviando convenientemente lo referido a su época dedicada al comercio de productos de granja. Las ventas fueron muy bien y a pesar de las sangrantes comisiones que dedujo la galería, Joan fue haciéndose un sitio en el ambiente artístico porteño. Al año siguiente realizó una segunda exposición en la Galería Müller, también situada en Florida, con mejores resultados, si cabe.

Uno de sus clientes habituales fue un famoso escritor y coleccionista, con el que se fue afianzando una relación personal. El joven pintor pasó, en poco tiempo, de ser invitado habitual a residente en el petit hotel de la Calle Martín Coronado, en el muy exclusivo barrio de Palermo Chico. En la casa vivían, además del escritor, su mujer y las 2 hijas del matrimonio, una prima de Córdoba que frecuentaba los círculos literarios de la capital. Sin preocupaciones materiales que atender, Vives se dedicó intensamente a su obra, que, en buena parte, pasaba a la colección de su benefactor.

Seguía pintando a partir de las imágenes que, sin proponérselo, afloraban nítidas a su mente. A medida que pasaba el tiempo desde su partida, esos recuerdos involuntarios eran cada vez más lejanos. SI al principio recordaba imágenes de El Garraf, Penedés o Sitges, en esta época empezó a pintar escenas de su Girona natal, de San Feliú de Guíxols, su puerto o su costa (región que la familia había abandonado cuando Joan tenía 7 años).

Su estancia en el palacete transcurría en un ambiente de serenidad y producción. Sin embargo, al parecer, algo se trastocó en las relaciones personales. La presencia de un hombre joven, atractivo y exitoso en un ambiente donde convivían cuatro mujeres dio origen a celos y discordia. El hecho es que, un buen día, acusado falsamente de haber cometido aquello que a lo que, en realidad, se había negado, tuvo que abandonar la residencia con sus pertenencias a cuestas.

Esto sucedía el 6 de septiembre de 1930, día del golpe militar de Uriburu, que sería el primero de una serie que llevarían a la decadencia definitiva de la Argentina y que sería también el principio de la de Vives Maristany.

En medio del ambiente de incertidumbre y tensión de ese día, Joan encontró pieza en un conventillo (habitación en una corrala) de la calle Cochabamba 1135 donde residiría hasta el final.

Por las mañanas pintaba en el conventillo y por las tardes recorría caminando las 15 cuadras que lo separaban de la avenida de Mayo, que era, en esa época, una zona de gran ebullición. En su cafés coincidían los redactores de los periódicos cercanos, las actividades más o menos clandestinas de los trabajadores de artes gráficas (dominadas por los anarquistas de la FORA), los inmigrantes de las distintas regiones de España y las prostitutas que ya no podían recibir en los burdeles, que el nuevo gobierno había ilegalizado.

El sábado 20 de febrero de 1932 salía del Hotel Castelar, en esa misma Avenida de Mayo, acompañado de una dama elegante y madura (al parecer una relación de su etapa anterior) y se vio envuelto en los disturbios que recibían la toma de posesión de Agustín P. Justo, ganador de las elecciones fraudulentas del año anterior. Para alejarse de ellos y evitarlos se dirigió con la mujer a la calle Salta donde, en un descuido, fue arrollado por un tranvía de la línea 46 que iba de Parque de los Patricios a Retiro.

La mujer no sufrió daño alguno pero su condición social y lo clandestino del encuentro (era una mujer casada) la impidieron implicarse personalmente. Quedó unos minutos ahí, paralizada por la desesperación y el espanto, hasta que algunos transeúntes se hicieron cargo de Joan.

La portera del conventillo, según su relato a la policía semanas después, mencionó que ese mismo sábado, una mujer elegante (que había estado allí con anterioridad) llegó con una valija y, abriendo con su propia llave, estuvo 15 minutos en la habitación de Joan, saliendo con la maleta cargada.

Esta escena, aparentemente irrelevante, tomo sentido con el paso de los días. Al ver que Joan no regresaba ni pagaba el alquiler, la portera procedió según lo habitual: informó a la policía y llamó al ciruja (chamarilero) para que se llevara todo el contenido de la pieza. Este cargó, entre otros efectos, varios cajones de manzanas llenos de tablas pintadas, sin enmarcar y sin firmar.

Nadie pudo, en ese momento, establecer la relación entre el herido del accidente del tranvía, que murió a las pocas horas indocumentado (le habían robado la cartera mientras lo llevaban al hospital) y la desaparición de Joan Vives Maristany del conventillo. Por lo tanto fue enterrado en un nicho del cementerio de la Chacarita señalado NN.

No sabemos el destino de las obras que había en la maleta de la mujer ni de las que se llevó el ciruja.

Referencias

Obras

  • La mujer de rojo.
  • En el puerto.
  • Valencia.
  • Artista con sombrilla pintano en el campo.
  • Playa

Enlaces externos


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